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La ansiedad es el miedo a aquello desconocido y es particular de cada persona. Por ejemplo, encontramos el caso del estudiante que se tiene que presentar a un examen, el cabeza de familia que se encuentra en una situación económica complicada y esa persona que sufre la pérdida de su pareja… en lugar de tratar con un peligro real, la ansiedad se caracteriza por la duda que tiene una persona frente la existencia real o no de una amenaza, así como de la propia capacidad para afrontarla.

La manifestación de la ansiedad no siempre es igual para todas las personas que la padecen. Muchas veces, los síntomas se traducen en expresiones físicas como: mareos, presión en el pecho, dolor de cabeza, sensación de ahogo, sudoración, insomnio, malestar estomacal… otras manifestaciones, tienen que ver con la dificultad para concentrar-se o pensar con claridad e incluso puede generar dificultades para poder realizar acciones como hablar o escribir.

Las personas que viven con ansiedad a menudo no entienden los síntomas de su malestar y reaccionan luchando contra sus manifestaciones con el fin de recuperar aquel estado anhelado de “normalidad” o “tranquilidad”. Su frustración se da cuando sus intentos no consiguen su cometido sino que generan aún más malestar. Cualquier persona puede encontrar-se de cara con los síntomas de la ansiedad, el riesgo está muchas veces en no resguardarse en ella para no afrontar las dificultades de la vida.

La ansiedad funciona como un proceso febril, que avisa y defensa al cuerpo de algo se está alterando, la diferencia es que en este caso se da en nuestra psique. En lugar de percibir la ansiedad como un problema, se debe entender como una alerta que nos avisa que quizás hace falta revisar la forma en que afrontamos la vida. ¿Puede que haya otras maneras? Una nueva forma de asumir todo, una forma que genera más bienestar. Si es así ¿A que responde que una persona se mantenga en la misma filosofía de plantearse la vida o una situación que le altera? Quizás la persona se debería plantear cambios, retos, aceptar pérdidas o incluso aprender a perder, todo ello para generar nuevas maneras, aun quizás desconocidas, de dar un nuevo sentido a su ser, a su hacer o quizás a su tener.

Author: Sergi Casaponsa

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