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“Sufro depresión severa desde los 12 años. La depresión me ha supuesto perder el trabajo, el matrimonio y algunas amistades. Vivir con depresión no es fácil. Pero resulta más complicado cuando las personas de tu alrededor no entienden la complejidad de este estado y cómo afecta a la forma de razonar y de ver el mundo ”

El ejemplo que encabeza este artículo es de una blogger que cuenta su experiencia y la incomprensión que siente al enfrentar su situación.

Lo que conocemos como depresión, según el CIE 10 (Clasificación Internacional de Enfermedades) es una pérdida de la capacidad para interesarse y disfrutar de las cosas, una disminución de la vitalidad y de la actividad que da lugar a un cansancio exagerado. Algunos de los síntomas de la depresión son la pérdida de confianza en uno mismo, los sentimientos de inferioridad, la impotencia o la disminución de la concentración, el sueño y el apetito.

Al leer esto, se ha sentido identificado con alguna de estas sensaciones y / o síntomas? Seguramente su respuesta es un sí. La mayoría, podríamos afirmar haber experimentado en algún momento de la vida estos síntomas. Entonces, habría que cuestionarse por qué estos estados emocionales son connotados tan negativamente.

Desde hace mucho tiempo la ciencia y la sociedad han encontrado en la “depresión” una manera generalizada de explicar el malestar psíquico. Quedando reducida en una sola palabra muchas emociones, sentimientos y vivencias, que pierden su relevancia en la particularidad de cada persona. Asimismo, bajo este diagnóstico se generaliza el tratamiento “antidepresivos” para todo.

Por otro lado, hoy en día ser feliz se ha convertido en un deber, ser feliz tiene una connotación de obligatoriedad y la ausencia de esta satisfacción genera un plus de insatisfacción vital, haciendo a la persona culpable por no haber cumplido con su deber.

Quizás se ha instaurado un ideal que elimina el malestar de la vida, que designa lo que se puede y lo que no se puede sentir, dejando de lado la subjetividad de cada uno.

Seguramente, esta blogger habría sentido más entendida por su entorno, si hubiera podido expresar toda la complejidad de su malestar, si todo no hubiera quedado reducido a una depresión, quizás el propio malestar tendría otra salida, que le permitiría ser considerada como una persona con derecho de sentir tristeza, miedo, angustia, nervios, soledad o lo que sea, alejada del riesgo de ser juzgada.

Author: Sergi Casaponsa

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