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El exponente más evidente y en el que se asocia el proceso del duelo es la muerte, sin embargo, otras vivencias nos invitan a pasar por un proceso de estas características, por ejemplo, una relación que se rompe, una pérdida laboral, un hijo que deja el hogar… circunstancias que se presentan sin avisar muchas veces y que conllevan una pérdida o una separación.

El proceso de duelo provoca reacciones intensas en nuestra psicología (miedo, ira, angustia, tristeza…) que a la vez se refleja en nuestro cuerpo (tensiones, pérdida de apetito y sueño, propensión a enfermedades…), pero el duelo no es una enfermedad, la enfermedad sería realmente no hacer el duelo. Ante la pérdida aparece el dolor, un sufrimiento por la ausencia de lo que una vez fue amado, la falta de elaboración del duelo da lugar a la eternización de ese dolor, una de las principales fuentes de enfermedad psicosomática y del inicio de conductas adictivas. El duelo será el paso necesario para adaptarnos a seguir viviendo con la ausencia. Los recuerdos, los lugares, las situaciones y las conversaciones que producen dolor y tristeza se irán transformando poco a poco en otras sensaciones nuevas que permitirán aceptar  y afrontar de nuevo la vida; el vacío se remplazará y la nostalgia se alejará para que esos recuerdos dolorosos se conviertan en entrañables.

Más allá de las circunstancias personales del proceso hay varias consideraciones que pueden ayudar a facilitar el camino de la elaboración:

En la sociedad occidental y capitalista en la que vivimos, se ha implantado la idea en el sujeto que siempre debe estar bien, hacer aquello que produzca placer y ocultar el dolor. En ese modelo no hay lugar para el sufrimiento, la enfermedad  o la muerte. Existe en el entorno social una incomodidad frente la expresión de la tristeza y malestar; se convierte en un deber moral y una obligación social volver a un estado de “normalidad” en el que se pueda volver a ser funcional después de cierto tiempo. En este aspecto, parece que el respeto a la individualidad del sujeto se pasa por alto, convirtiendo al proceso de duelo en un mero trámite convencional. Es importante que la persona pueda expresar aquello que siente sin reparos y respete su tiempo y su espacio ante una pérdida, más allá de la exigencia social.

Cuando algo es importante para uno mismo existen miles de lazos vinculados a aquello amado. Por ejemplo, una canción, una película, un lugar, personas en común…  Esos puntos en donde durante el recorrido de la relación uno está enlazado al otro, cuando se sufre la pérdida, serán recorridos pieza a pieza, detalle por detalle, repasando lo vivido, lo escuchado, lo visto y los sentido. En el difícil proceso del duelo se logra poco a poco substraer de aquello perdido todas las cosas que fueron depositadas una vez en él, eso demanda un gran gasto de energía y de tiempo.  En el duelo la persona no solo pierde algo del mundo exterior sino que también se va una parte suya.

Existen complicaciones en el proceso de duelo, en donde la persona puede quedar amarrada a esos lazos del objeto perdido que no se siente capaz de soltar para no perderlo, para mantenerlo consigo.  Esto trae consecuencias que pueden desencadenar a afecciones psicosomáticas  y lo más difícil la sensación de no poder avanzar en la vida. Por ejemplo, el paso de niño a adolescente o de tener una pareja a tener otra. En los casos extremos, resulta imposible empezar el proceso del duelo, creando la imposibilidad de integrar la pérdida y pudiendo generar delirios importantes.

El ritual es una herramienta muy importante en la elaboración del duelo y que ha sido usada a lo largo de la historia como estrategia global de tratamiento simbólico ante las pérdidas. En el caso de la muerte, ritos como el luto o el funeral simbolizan la tristeza y el dolor de la pérdida y sirven para despedir al ser querido. En muchas tribus, la circuncisión del hombre se simboliza la despedida de la adolescencia para traspasar a una nueva etapa como personas maduras. En la ruptura de una relación en algunas ocasiones se queman fotografías, haciendo desaparecer entre el fuego a esa persona. El rito permite desde lo simbólico romper lazos y reconstituir la nueva situación real de pérdida, se pretende con ello recubrir el vacío que ha dejado esa pérdida dándole un nuevo significado a lo sucedido y al porvenir.

Como en el ritual hay otras muchas formas de poder expresar y elaborar mediante la simbolización. Las palabras son poderosas herramientas para poder construir una nueva realidad. Por ese motivo la terapia es una forma de poder expresar y simbolizar el significado de la pérdida, mientras el terapeuta guía el proceso hacia una nueva realidad. La escritura, hablar, pintar, la música… son otros instrumentos importantes para poder elaborar el camino del duelo.

El proceso de duelo es personal, es un camino complejo y a menudo muy largo, sin embargo no todas las personas reaccionan de igual manera ante una misma pérdida y hay circunstancias que influyen en el modo en que se produce la elaboración del duelo:

– La personalidad del quien sufre la pérdida será uno de los factores primordiales que el modo de afrontamiento de esta.

La manera cómo se produjo esa pérdida, es distinto si la pérdida se produce de forma repentina que si  era esperada.  Una pérdida repentina suele tener un mayor impacto y por lo tanto una dificultad añadida a asumir la realidad futura.

La relación que se tenía con lo perdido y el grado de proximidad, una relación tranquila y en armonía no producirá el mismo efecto que si la relación era dependiente, conflictiva o ambivalente. Estas relaciones suelen marcar en gran medida que se produzcan dificultades en la elaboración del duelo.

Otros aspectos adscritos a la vida personal más allá de la pérdida que afectan a la persona pueden influir en la elaboración del duelo, algunos ejemplos serían el hecho que la persona ya estuviese en un momento personal complicado, que esté sufriendo una enfermedad, que tenga dificultades laborales o familiares, que haya sufrido otra pérdida en un periodo breve.

La pérdida forma parte de la vida. Resulta inevitable. La pérdida siempre viene envuelta de amor, amor que se convierte en dolor por saber que esa persona, esa oportunidad, ese trabajo, ese matrimonio, esa etapa vital, esa libertad… se ha marchado y ha dejado un vacío. El duelo es el puente por el que la pérdida invita a pasar para aceptar una nueva realidad en la que ya no existe aquello amado. Permitirse cruzar ese puente permitirá evolucionar en el camino de la vida.

Author: Sergi Casaponsa

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